

MIGRACIÓN Sobrevivientes ayudarán a esclarecer
“La
expectativa por emigrar es bien recibida, * Hasta mediado de los años 90’s la migración se daba mayoritariamente desde las comunidades del Austro hacia los Estados Unidos; y país adentro, desde las poblaciones rurales a las grandes ciudades. Es a fines de esta década y a causa de la crisis económica y bancaria que la migración se vuelve masiva, teniendo como destino exterior al continente europeo, principalmente España e Italia; y, en lo referente al interior, saturando los cordones de miseria de las mayores urbes económicas. En gran número los trabajadores y pobladores campesinos han salido del país o se han trasladado a las grandes ciudades. Esto, como consecuencia de que el Aparato Productivo en el Campo esté desprotegido por falta de apoyo de las autoridades de los gobiernos de turno, y por las políticas neoliberales que buscando la apertura comercial han afectado a los pequeños y medianos productores agropuecuarios. Los compañeros han abandonado el Campo porque, en sus propias palabras, no hay trabajo, no hay que hacer. Si acaso han tenido la oportunidad de un préstamo para trabajar sus tierras, el pago de altos intereses y el escaso margen de beneficio económico resultante ocasiona que las instituciones crediticias lleguen a quitarles sus terrenos como sanción por mora, dejándolos con una enorme deuda a cuestas y sin una fuente natural de trabajo. Por eso emigran al extranjero o a las ciudades. El Campo se está quedando en abandono. Ahora, en las grandes ciudades no hay buenas oportunidades de trabajo. Sin una educación de mayor nivel y sin las habilidades necesarias para desempeñarse en el ámbito urbano, los compañeros sucumben ante el subempleo, y los vamos a encontrar vendiendo gaseosas, frutas, chucherías, rozando montes, y en algunos casos, lamentablemente, dedicados a la pillería. Paradójicamente, es en el extranjero donde los compañeros campesinos han tenido mayores oportunidades de trabajo. En Europa las grandes fuentes de trabajo son en el Campo. De ahí que se les considere una mano de obra tecnificada, responsable y experimentada; características que les hacen codiciados para el trabajo agrícola. Es por eso que el emigrante de la ciudad, el que ha llevado una existencia urbana, no tenga altas expectativas de trabajo ya que está acostumbrado a otro ritmo de vida. Así, podríamos decir que el cambio “no es tan malo” para los campesinos; ya que, aunque tienen una fuente de trabajo, están expuestos a altas jornadas de trabajo y a la creciente xenofobia que se da, por ejemplo, en España. A pesar es estos factores, la esperanza de un trabajo y un pago que les permita salir adelante a ellos y a sus familias es más fuerte que cualquier ilusión de sobresalir en tierra propia. En lo que se refiere al retorno desde las grandes ciudades al Campo, éste trae consigo cosas que asombran a propios y extraños. Al estar en la ciudad, y no encontrando fuentes optimas de empleo, los jóvenes campesinos se topan con otros jóvenes de quienes aprenden sus conductas, y estas conductas muchas veces no son del todo lícitas. Las conductas y costumbres adquiridas se replican en el pueblo, y vemos entonces que se están formando pandillas en el Campo. Empiezan así los asesinatos, los asaltos, los robos, y la violencia crece. Convirtiendo la común apreciación de la “paz del campo” en un vago recuerdo de infancia. ** Las cosas han cambiado al interior de las comunidades que registran altos índices de migración. Nos hemos habituado a la mecánica de hogares disfuncionales donde los hermanos mayores saltan etapas de su crecimiento y desarrollo para asumir papeles maternos o paternos, o a casas en las que los menores pierden espacios de afecto y participación quedando al cuidado de un familiar o amigo cercano. Al dejar su hogar por la situación económica, el emigrante deja a sus hijos con su conyugue o, si se van los dos, con otros familiares. A esta primera desmembración familiar se suman el tiempo, la soledad y la distancia, factores que determinan en muchos casos que los hogares se pierdan. Dejando a los hijos en una situación de desarraigo y confusión que se hace patente en las etapas críticas de su desarrollo. A esto hay que añadir el uso desorientado de las remesas recibidas. Al coger más y más dinero cada vez, la percepción es que, los familiares a cargo de los nuevos hogares, o de los grupos de gente conviviendo con cierto fin, se despreocupan de las cosas importantes. Lo cual estimula a que se aprendan vicios, que no haya interés en el estudio, que los hijos se desvíen de los valores inculcados, que los jóvenes no quieren trabajar, y terminen inmiscuyéndose en prostitución y drogas. La libertad económica también incide en la pérdida de costumbres e identidades. Al no haber un control para el uso adecuado de las remesas, el mal uso y distribución de dineros hace que las perspectivas sobre la responsabilidad cambien y se pierda la voluntad de trabajar y sacrificarse en pos de una meta positiva. *** A pesar de que los análisis económicos nos hagan ver que el aporte de los emigrantes ha sido fundamental para apuntalar la descalabrada situación financiera del Ecuador durante los últimos cinco años, no podemos dejar de expresar nuestro malestar frente a este llamado “fenómeno” que poco a poco, y de manera drástica, socava las estructuras de nuestra sociedad. Como FENACLE, esperamos que el Estado impulse la reactivación productiva del Campo, porque en él se asienta nuestra Soberanía Alimentaria, para que las compañeras y compañeros trabajadores agrícolas tengan la oportunidad de quedarse en su tierra y construir sus sueños en ella.
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